martes, 11 de noviembre de 2008

¿Un antes tuvo que haber? Parece. ¿Siempre un antes, aunque se ignore? Algo. Un subterráneo yo, otro río antes del río –¿y por eso creemos que después Otro habrá? Acuífero del Misterio antes que cualquier antes que podamos figurarnos. Y un hambre, todo el Tiempo un hambre, desde la Eyaculación Primigenia (¿o queda aquí decir sed?) para encontrar lo poroso calizo y drenarse; “nacer”, dirán. ¿En verso o en prosa? ¿Con rima o sin ella? Dirán. Pero de ahí nada sabemos y, mucho menos, sabremos; mientras vayamos en cauce -seguro. ¿Una oculta prosa ciertamente líquida pero más caliente y densa, a través de la freática capa empujó y lo duro-duro durar no pudo? ¿O el flüir cantarín endecasílabo? –más desvergonzado aún. Basta. Nadie se ha adelantado desde tal antes ni ha regresado del después. Nadie. Aunque se cuente y se cante. Con este acuoso ojo que mana libre, ridículo, pleno y enorme debajo de todo pie, ahora y aquí, empieza el deslizamiento inevitable. Sólo esto existe. ¿Y quién vislumbra de veras por cuánto? Así vamos todos, sin que nadie, absolutamente nadie, sepa.

Escrito el 27 de julio de 2008.
Escribir. No puedo más que escribir. Brotar ahora. Poder brotar ahora por no poder más. Entonces, no decidir: ceder. Al impulso, al deseo, al apetito. No estoy preparado. Nunca se está preparado para nada. ¿O para la nada se está preparado siempre? O para todo, que es semejante. Brotar. Como manantial en la cuesta de cualquier monte, hallar una fisura, rajadura de la piedra, en el suelo duro de nadie, ser dado a luz a través de ese orificio vítreo de mujer. Pequeña burbuja, gorgoriteo, un día, no importa cuál. Naciente. Efímero. Tímida insistencia. Todo (día) es bueno. Una galaxia cada día para abrir los ojos o cerrarlos, primerizos de Adán o no de Adán. Para escribir. Nunca se está preparado para vivir. Pero (vivimos).

Escrito el 26 de julio de 2008. Corregido el 10 de noviembre de 2008.